Una de las tantas consecuencias que tiene la ansiedad sobre la salud está relacionada con problemas en los hábitos de alimentación.
La ansiedad es una respuesta innata del organismo que nos prepara para enfrentar situaciones que son “percibidas” como peligrosas.
Todo el sistema nervioso queda activado para enfrentar aquello que pueda atentar contra nuestra supervivencia. Se preparan nuestros músculos (se contraen), nuestra respiración es más acelerada, nos late fuerte el corazón (para bombear más sangre a los músculos) se inhiben otras funciones (como la digestión) para que nos enfoquemos en reaccionar, ya sea luchando o escapando.
Esto no constituye un problema en sí mismo, por el contrario, gracias a esta respuesta es que la humanidad ha evolucionado y se ha perpetuado. La ansiedad es la señal de alarma que nos anuncia que estamos en peligro. El problema esta cuando esta alarma se activa sin que sea necesario.
Hoy en día son pocas las situaciones que ponen en peligro nuestra supervivencia, pero a lo largo del tiempo los seres humanos hemos trasladado esa amenaza a situaciones más “sutiles” y personales: un fracaso laboral, una dificultad económica un rechazo social, una ruptura amorosa. Si bien estos factores no atentan contra nuestra supervivencia física, pueden ser igualmente percibidos como una amenaza para el equilibrio sicológico.
Otro aspecto importante a tener en cuenta, es la capacidad de anticipar que tiene el ser humano. Las amenazas no tienen por qué estar en el tiempo presente sino que pueden ser aspectos peligrosos situados en el futuro y que se basan en la posibilidad (imaginada) de que algo ocurra. En la ansiedad los pensamientos anticipatorios son claves, podemos tener una amenaza real o podemos pensar en la posibilidad de que algo ocurra y que la ansiedad sea una respuesta a esa posibilidad, siendo en la mayoría de las ocasiones, situaciones que nunca llegan a concretarse y cuando ocurren, rara vez son tan graves como para que nuestra supervivencia este en peligro.
Es así como activamos todo nuestro sistema nervioso para responder a una realidad que no lo necesita. Nos preparamos para luchar o huir, pero como la amenaza no es real, quedamos con una respuesta desajustada.
Qué relación tiene esto con la comida?
La comida ofrece tres grandes soluciones para volver a ajustarnos; la primera es que es un gran desacelerador natural. Las funciones digestivas implican que el cuerpo debe desencadenar otras respuestas del sistema nervioso que son incompatibles con la ansiedad, al hacer la digestión, el organismo necesariamente se relaja.
En segundo lugar, la comida, por ser un gran reforzador primario, calma y complace; es gratificante en sí misma.
Y en tercer lugar, la comida cambia el foco de pensamiento, dejamos de lado otros temas que nos preocupan y por tanto la ansiedad disminuye. Cuando nos sentimos ansiosos, en el corto plazo, la comida nos ayuda a sentirnos mejor. Pero en el largo plazo, no. La comida no soluciona ningún problema y nos trae problemas mayores: colesterol elevado, sobrepeso, obesidad entre otros.
Cómo “desandar” esa asociación perjudicial con la comida
Resulta vital volver a los buenos hábitos de alimentación. Realizar un adecuado fraccionamiento de nuestras comidas, cuidando la cantidad y calidad de las mismas.
Las dietas desbalanceadas, con periodos prolongados de ayuno, nos dejan biológicamente vulnerables, llegando a determinados momentos del día en los cuales los picos de ansiedad son mayores (tarde-noche) con mucho apetito. Es ahí donde luchar contra la comida se hace sumamente difícil.
Es importante saber que podemos combatir la ansiedad. La misma tiene un pico de mayor expresión y si aprendemos a esperar, la respuesta de ansiedad decae.
Postergar la ingesta, de manera tal de poder darnos un tiempo para que la respuesta de ansiedad decaiga. De esta forma, cuando queremos controlar la ingesta, resulta más sencillo ya que un rato más tarde la ansiedad es menos intensa.
Distraerse, resulta fundamental. Emprender acciones que distraigan nuestra mente con actividades recreativas y gratificantes para nosotros. De esta forma estamos cambiando el foco de pensamiento, y dejamos la comida fuera.
La ansiedad es algo que podemos combatir, no siempre es fácil y lleva tiempo pues supone desaprender un mecanismo de regulación que instauramos y que funciona muy bien, como es el acto de comer; pero con paciencia, ayuda y dedicación se puede lograr.
Lic.Nut. Ianna Lakierovich

