Hoy comparto con ustedes una lectura que me encanta de “Recuentos para Demián”, de Jorge Bucay. Y dice así:
Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de crema.
Inmediatamente sintieron que se hundían; era imposible nadar o flotar mucho tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos patalearon en la crema para llegar al borde del recipiente pero era inútil, sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sintieron que cada vez era más difícil salir a la superficie a respirar.
Una de ellas dijo en voz alta:
— “No puedo más. Es imposible salir de aquí, esta materia no es para nadar. Ya que voy a morir, no veo para qué prolongar este dolor. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril”.
Y dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.
La otra rana, más persistente o quizás más tozuda, se dijo:
— “¡No hay caso! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo ya que la muerte me llega, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quisiera morir un segundo antes de que llegue mi hora.”
Y siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar un centímetro. ¡Horas y horas!
Y de pronto… de tanto patalear y agitar, agitar y patalear, la crema, se transformó en manteca.
La rana sorprendida dio un salto y patinando llegó hasta el borde del pote.
Desde allí, sólo le quedaba ir croando alegremente de regreso a casa.
Y la pregunta… es… y vos, ¿qué harías?
Si… sé que a veces resulta tentador pensar en que si tan sólo pudiéramos tocar el símbolo de “deshacer” que tenemos en la computadora, pero en la vida… las cosas seguramente serían más fáciles… pero esta no es una posibilidad… no podemos retroceder en el tiempo y cambiar el hecho… no podemos cambiar el principio de esta historia. No obstante, sí podemos elegir qué hacemos con esa experiencia… y probablemente, cambiar así, entonces el final.
Y cuando hablo de esto… vuelven una vez más a mi cabeza las palabras de Víctor Frankl: “Las circunstancias externas pueden despojarnos de todo menos de una cosa: la libertad de elegir cómo responder a esas circunstancias”.
Así es que si sobreviene la adversidad, procura conectarte contigo mismo, escucharte, preguntarte y encontrar tus propias respuestas, porque aunque parezca que todo está determinado, aún así tenes esa libertad interna, esa divina chance de elegir como vas a vivir tu viaje.
Lic. Psic. Nikol Grimberg

