COMIDA Y ADICCIÓN
La industria de la alimentación manipula la calidad de sus productos para que sean cada vez más atractivos. Cada vez más elegimos comida por su presentación, por el envoltorio en el cual es presentado. El problema es cuando determinado tipo de alimentos actúan a nivel cerebral generando una dependencia biológica.
No hay hoy en día una definición clara para la adicción a la comida, ni siquiera podemos encontrar la adicción a la comida dentro del DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders). Pero si encontramos en el DSM la definición de dependencia a sustancias. Por lo que las futuras investigaciones tendrán que estar dirigidas a como el cerebro responde a cierto tipo de alimentos de la misma manera que responde a otras drogas de abuso.
Antes de entender la relación entre obesidad y adicción tenemos que comprender un poco acerca del control del apetito. La necesidad de comer es un acto fundamental para la supervivencia del ser humano. En condiciones normales el cerebro recibe señales nerviosas relacionadas al estado nutricional del organismo, como por ejemplo la concentración de azúcar en sangre, lípidos y ciertos nutrientes. Estas señales ya sea por via plasmática o nervios periféricos provenientes del tracto gastrointestinal alcanzan al sistema nervioso central e indican si el organismo necesita más energía o si existe la necesidad de algún nutriente en particular. Por otro lado y en forma paralela el sistema de recompensa a nivel hipotalámico responde a la sensación de placer generada por determinados alimentos motivándonos a consumirlos, proceso descrito como regulación hedónica del apetito. Ahora, que pasa cuando alguna de estas señales periféricas como las provenientes de la insulina y la leptina no son liberadas o el cerebro genera tolerancia a las mismas, este mecanismo de autorregulación se pierde y es cómo manejar un auto sin frenos.
Cuando nos referimos al sistema de recompensa nos estamos refiriendo a una región anatómica situada en el área ventral tegmental (VTA) en la cual se sitúa en núcleo accumbens (NA). Esta región está regulada por la dopamina comúnmente llamada hormona de la felicidad. 90% de las neuronas dopaminergicas del VTA son estimuladas cuando una persona se encuentra pronto para comer. El VTA alcanza el resto del cerebro a través de vías axonales para estimular la secreción de dopamina en otras partes del cerebro aparte del NA. Alcanza la amígdala donde las emociones son procesadas y recordadas y el hipocampo donde la memoria a corto plazo se transforma en memoria a largo plazo. ¿Qué se vio? Que las personas obesas tienen menos receptores de dopamina a nivel del NA por lo tanto necesitan comer más para generar la misma experiencia y la misma gratificación que en personas normopeso.
La siguiente pregunta seria, tienen las personas obesas menos receptores predisponiendo a obesidad. O el consumo excesivo de comida de alta palatividad llevo a una disminución de dichos receptores. Y la respuesta es ambas. El punto es que cuando una persona no tiene suficiente insulina y leptina lo cual disminuye las señales periféricas hacia el NA, el circuito de la recompensa pierde el freno, deja de autoregularese llevando a la persona a comer a pesar de no tener hambre y por ende a desarrollar obesidad. ¿Ahora, cuál sería el motivo por el cual no hay suficiente insulina y leptina?
La incorporación a la dieta de una persona, de carbohidratos simples refinados lleva a una hiperinsulinemia, hiperinsulinemia que determina un bloqueo en la acción de la leptina (hormona supresora del apetito), mayor ingesta y entrada en un círculo vicioso que lleva finalmente a una insulinoresistencia y leptinoresistencia. Esto como ya mencionamos quita el freno que ayuda a inhibir la recompensa generada por la comida generando aumento de peso y entrada en este círculo vicioso ya mencionado.
En general, con respecto a todas las adicciones, solo ciertos componentes químicos que incrementan los niveles de dopamina son capaces de producir adicción. Lo mismo sucede con los alimentos. No todos los alimentos generan la misma recompensa. Si uno come un trozo de pollo hervido, va a ser reconfortante, solo si uno tiene hambre, de lo contrario no me generara gratificación alguna. Por otro lado, muchos podemos encontrar altamente gratificante una galletita dulce aun en ausencia de hambre. Esto hace a muchos alimentos más peligrosos que otros en cuanto a activar el circuito de la recompensa y generar conductas impulsivas con respecto a la comida. Gran parte de este problema de obesidad a nivel mundial se debe a un exceso en el consumo de este tipo de alimentos.
A una persona obesa, con trasgresiones habituales el mensaje debe ser claro y contundente. No al primer bocado porque se cuando empiezo pero no cuando termino y porque una es demasiada y mil no son suficientes. ¿El porque de esta afirmación? Porque sabemos que las personas obesas como ya mencionamos tienen menos receptores de dopamina pero también se encontró que tienen menor actividad en la corteza prefrontal. La corteza prefrontal es responsable de llevar adelante las funciones ejecutivas tales como la planificación, organización, toma de decisiones, la posibilidad de frenar los impulsos y el control de la impaciencia e irritabilidad. Esto constituye un doble problema en la adicción a la comida y es por eso que la moderación necesaria en lo que respecta a adicción a la comida es todo un tema.
En lo que respecta al cerebro humano, todavía le faltan cientos de miles de años de desarrollo, porque todo lo que le genera placer lo atrae, pero no sabe discriminar aquellos placeres positivos como la sexualidad, la alimentación saludable, música, actividad física de aquellos que no lo son y generan dependencia.
Hablamos de que no todos los alimentos generan el mismo grado de adicción. Estudios en animales (Ahmed 2012) demostraron que que dietas de alta palatividad y sobre todo las dulces (galletas Oreo) generaban mayor gratificación y que eran potencialmente más adictivas que la administración intravenosa de cocaína y heroína.
Nuestro cerebro primario acostumbrado al placer moderado fue abrumado por este flujo de gratificación inmediata derivado de la comida procesada. Esta es la razón por la cual elegimos la torta de manzana por sobre las manzanas. La comida se ha tornado irresistible, generando en una persona obesa adicta a la comida la entrada en un espiral descendente que termina en un consumo en exceso, baja autoestima y sentimiento de no poder nunca recuperarse.
En toda esta reseña pudimos ver la similitud entre la adicción a las drogas y obesidad derivada del alto consumo de alimentos de alta palatividad. Recién en el año 2013 la Asociación Americana de Medicina declara a la obesidad como una enfermedad. ¿Podemos esperar a futuro una incorporación de la adicción a la comida al DSM-5? Capaz que en ciertos tipos de obesidad, por ejemplo aquellas no relacionadas a disfunciones endocrinas.
TRATAMIENTO
Las adicciones no se curan pero si se controlan. La recuperación para una persona adicta a la comida va a comenzar cuando acepte su incapacidad de controlar su mal vínculo con la comida y manifieste un deseo de cambio. Para muchas personas tocar fondo es el punto de quiebre del autoengaño que dice que la persona controla a la comida y no la comida a la persona.
La recuperación tanto de la obesidad como de la adicción a la comida va a depender directamente de la cantidad de cambios que la persona esté dispuesta a hacer y el entendimiento que esos cambios tendrán que ser por periodos prolongados de tiempo.
Estos procesos de cambio, son procesos lentos, de aprendizaje, personales e intransferibles. El tratamiento actual de los pacientes obesos no ha logrado erradicar su progresión a nivel mundial. Hoy la propuesta terapéutica va desde dietas, auriculoterapia, hipnosis, rutinas de ejercicio, fármacos y cirugía.
La dinámica grupal es hoy en día un recurso valioso para que la persona obesa se haga responsable de su tratamiento y genere un mayor nivel de compromiso consigo mismo, con su grupo de compañeros y con la coordinación.
Otras características del abordaje grupal:
- Se habla el mismo idioma
- No es el paciente solo con la enfermedad
- Red solidaria
- Apoyo diario con las dificultades
- Se trabaja con incorporación de técnicas
- Herramientas y dramatización de situaciones
- Estímulo diario y refuerzo de autoestima
- Visualización diaria de los resultados que se van obteniendo: descenso de peso, mejoramiento de la figura, trabajo del esquema corporal, etc.
- El paciente está controlado y supervisado
La decisión para comenzar un plan de adelgazamiento es personal e intransferible, (no en cualquier momento sino cuando la persona se hace tiempo), pone energía en su objetivo y deja de ponerse excusas. Para lograr resultados es importante que el paciente tenga claro sus objetivos y se establezca metas claras y logrables a corto plazo.
La aceptación e integración por parte del paciente de la obesidad como enfermedad, es el pilar básico para lograr el descenso y mantenimiento del peso. Los pacientes que logran mantener el peso es porque realizaron cambios en su estilo de vida.
En suma, consideramos a la obesidad como una enfermedad crónica de etiología multifactorial, progresiva, indolente, involuntaria, que no tiene techo y considerada pandemia a nivel mundial. Hablamos de su difícil manejo dado que estamos frente a personas en su gran mayoría con una personalidad adictiva, con una genética obesa viviendo en un entorno obesogenico. Entorno que brinda fácil acceso a alimentos de alta palatividad, altamente calóricos que rápidamente se absorben generando en las personas una gratificación inmediata que terminan generando costumbre, luego hábito y finalmente dependencia por dicha sustancia.
DR. SERGIO BREITFELD
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